la fiereza de la vida.
la séptima ola que te arrastra, que te lleva, te marea, te endulza, te hunde, te aprisiona y te suelta en otras lejanías.
el grito descarriado de las células.
la música empedernida del silencio.
la noche que se balancea en los ojos de quienes los seguimos abriendo.
las manos que ya no tocan.
las piedras que ya no duelen.
las rodillas que no lastiman, ni traen, ni revuelven.
los contorsionistas que explotan sin darse cuenta.
los efímeros vivientes que luchan por caminar un poco más.
los cangrejos que miran desde el mar, la orilla.
el palo que siempre flota, aún deseando hundirse.
el caracol que se esconde dentro de su soledad aceptada.
la belleza que dura un instante y por eso es belleza y por eso eterna.
lo mucho que nos duele aprender a desprendernos.
las escaleras vacías.
los pasillos blancos del oído aturdido, del grito ciego, de la mano colgante.
las veces que descubrí el hermoso problema de estarme viva, muriendo un poco cada día.
los viajes que empiezan y ya no terminan.
las mujeres que todo lo entregan, que ya todo lo sabían.
los que llegan tarde a jugar a la escondida.
todos los besos que tuve que callarme por ser incomprendida.
un ventilador, hoy se apaga,
mi llama sigue viva.





